el fondo del taller, jaló una lona grasienta y dejó al descubierto una caja fuerte antigua, de esas pesadas de hierro forjado. Sacó una llave de su bolsillo y la abrió. Adentro había dos carpetas y un pequeño frasco de vidrio envuelto en un trapo limpio.
—Mi esposa Silvia y el desgraciado de Víctor no empezaron a robar ayer, Lucía —comenzó Beto, con la voz quebrada—. Hace seis años, Elena, la primera esposa de Alejandro, la hermana de Silvia… empezó a sospechar. Elena no era contadora como tú, pero no