era pendeja. Vio los estados de cuenta. Vio que la empresa de transportes nos estaba haciendo ricos de la noche a la mañana.
Beto tomó aire, como si el siguiente recuerdo le quemara la garganta.
—Una semana antes de morir, Elena vino a este taller. Me entregó estas carpetas y me hizo jurar que las escondería. Me dijo: “Beto, Silvia y Víctor están sangrando a Alejandro. Tengo miedo, me siento muy débil últimamente, la cabeza me da vueltas”. Yo pensé que era estrés. Pero ese sábado… ese maldito sábado en