la hacienda…
Lucía sintió que el frío le calaba los huesos.
—¿Qué pasó ese sábado, Beto?
—Silvia le preparó un té. El mismo “tecito para los nervios” que le dio a Alejandro en su boda. Yo estaba en el jardín fumando. A los veinte minutos, Silvia salió blanca como un fantasma y me dijo que Elena no despertaba. Yo agarré el teléfono para llamar a la ambulancia, pero ella me lo arrancó de las manos. “¡Háblale a Víctor primero!”, me gritó. Lo puso en altavoz.
Las lágrimas finalmente brotaron de