Desperté intubado y escuché a mi propio socio decir: “Le dimos la misma dosis que a su primera mujer hace 6 años, pronto cederá su patrimonio”.

los ojos de Beto.

—Víctor le dijo: “No llames a nadie. Dame cuarenta minutos. Limpia la taza y busca si tiene papeles en su cuarto. Sin mí no hagan nada”. Y nos quedamos ahí, Lucía. Parados. Mientras la hermana de mi esposa agonizaba en la cama, esperamos cuarenta minutos a que llegara Víctor. Cuando él llegó, la miró, revisó el cuarto buscando las carpetas que yo ya tenía escondidas, y solo cuando vio que Elena dejó de respirar, dijo: “Ahora sí, llamen a la ambulancia. Digan que fue un infarto”.