Pero cuando vi a Alejandro caer en el juzgado, supe que iban a repetir la historia. Llévense esto. Llévenselo al Ministerio Público.
Esa misma mañana, a primera hora, Lucía se reunió con el comandante Garza de la policía de investigación, un viejo lobo de mar que al ver las pruebas, las carpetas y el frasco de veneno, supo que tenían el caso armado. Sin embargo, los abogados de Víctor eran caros y mañosos. Podían alegar que Beto era un borracho resentido y que los papeles eran falsos. Necesitaban una confesión,