Desperté intubado y escuché a mi propio socio decir: “Le dimos la misma dosis que a su primera mujer hace 6 años, pronto cederá su patrimonio”.

testigo, te llevas tu pensión millonaria, y todos salimos ganando.

Lucía, cruzada de brazos junto a la ventana, lo miró con un asco profundo.

—Es un buen negocio, Víctor. Millones de pesos por mi silencio. Pero hay algo que no me cuadra. Si yo firmo esto, ¿qué me garantiza que Alejandro no despierte mañana y revoque todo?

Víctor soltó una carcajada sorda y se acercó a Lucía, invadiendo su espacio.

—Lucía, por favor. Ya hablamos de esto. Los enfermos del corazón son muy frágiles. A veces sus cuerpos no resisten.