Desperté intubado y escuché a mi propio socio decir: “Le dimos la misma dosis que a su primera mujer hace 6 años, pronto cederá su patrimonio”.

las palabras—. ¡Él estaba afuera fumando cuando yo entré a la recámara! ¡Es la palabra de un borracho contra la de un empresario intachable! Ustedes no tienen nada. Y aunque lo tuvieran, Alejandro se va a morir hoy en la noche y esta empresa será mía, porque me la merezco más que ese inútil. Yo lo hice rico. ¡Yo!

—¿Y por eso lo envenenaste con el té, Víctor? —preguntó Lucía, manteniendo la calma.

—¡Yo no le di nada, fue esta estúpida! —rugió Víctor, señalando a Silvia, lanzándola a los lobos