para no ser reconocido—. El doctor dijo que por la presión, el corazón y la edad, nadie va a sospechar. Todo se ve natural.
Alejandro, a sus 55 años, dueño de una de las tequileras más prósperas de Jalisco, sintió que el pecho se le partía. No por el dolor físico, sino por la traición. Escuchaba a su propia familia planear cómo arrebatarle el patrimonio de toda su vida. Se obligó a respirar despacio. No podía dejar que supieran que estaba consciente.
Pero para entender cómo el hombre más respetado