quién eres, Alejandro —le respondió ella, mirándolo a los ojos—. Nos costó mucha sangre y lágrimas aprender en quién confiar. Yo confío en ti con mi vida.
Se besaron mientras el mariachi tocaba “Hermoso Cariño” y todos aplaudían.
Esa noche, cuando la fiesta terminó y los invitados se fueron, Alejandro y Lucía caminaron de la mano por el largo pasillo de la casa. Se detuvieron frente a la habitación de Elena, la cual había estado cerrada bajo llave durante seis años, como un mausoleo intocable. Alejandro sacó la llave, abrió