de tu mejor amigo, usa la ropa de tu propia sangre, se sienta a comer a tu mesa los domingos y te prepara un té cuando te sientes mal.
El silencio es el mejor cómplice de los cobardes. Si Beto hubiera hablado hace seis años, una mujer inocente no habría muerto. No te calles nunca por miedo al qué dirán o por evitar conflictos familiares. El amor verdadero no te exige sumisión, ni te aísla, ni te pide firmar cosas sin leer. El amor verdadero, como el de Lucía, es