el que se queda de pie frente a la cama del hospital, dispuesto a pelear contra el mismísimo diablo si es necesario, para que vivas un día más.
Valora a quien se queda a tu lado cuando las luces se apagan. Y sobre todo, cuídate mucho de la gente que te abraza fuerte, porque a veces, solo lo hacen para saber en qué parte de la espalda clavarte el cuchillo.
—¡Es mentira! —chilló Silvia, presa del pánico—. ¡Beto es un borracho, está loco, nadie le va a creer! ¡Nosotros no