Desperté intubado y escuché a mi propio socio decir: “Le dimos la misma dosis que a su primera mujer hace 6 años, pronto cederá su patrimonio”.

la vida, detestaron a Lucía desde el primer domingo que la llevó a comer a la casa. Silvia soltaba veneno disfrazado de amabilidad: “Ay, Lucía, qué raro que te fijes en un viudo rico, ojalá no lo dejes en la calle”. Lucía, sin inmutarse, la puso en su lugar frente a todos. Desde ese día, le declararon la guerra.

A pesar de todo, Alejandro y Lucía decidieron casarse. Él se negó a firmar un acuerdo prenupcial. “Lo mío es tuyo”, le dijo. Pero el día de la boda civil, en