Desperté intubado y escuché a mi propio socio decir: “Le dimos la misma dosis que a su primera mujer hace 6 años, pronto cederá su patrimonio”.

pleno juzgado, Alejandro empezó a sudar frío. Estaba pálido, gris.

—Es solo un tecito para los nervios que me dio Silvia en la mañana —alcanzó a murmurar antes de desplomarse frente a la jueza.

Cayó como un árbol talado. Ahora, en los pasillos del hospital, mientras la familia fingía llorar, el cardiólogo llamó a Lucía a un rincón, lejos de las miradas de los demás.

—Lucía —dijo el médico, pálido y sudoroso—. Los análisis acaban de salir. Esto no fue un infarto por estrés. A don Alejandro le dieron una