dosis masiva de tranquilizantes. Alguien intentó matarlo, y ese alguien está sentado allá afuera en la sala de espera.
No vas a creer el infierno que estaba a punto de desatarse…
PARTE 2
El silencio en el pasillo del hospital era sepulcral, solo roto por el sonido de las máquinas y los murmullos fingidos de la familia. Silvia lloraba en el hombro de su esposo Beto, un hombre gris y alcohólico que siempre estaba a su sombra. Víctor, el mejor amigo, caminaba de un lado a otro fingiendo preocupación, mientras