Daniel, el hijo de Alejandro, miraba al suelo, completamente manipulado por su tía Silvia.
Cuando Lucía intentó entrar a la habitación, Silvia se interpuso bloqueándole el paso con una mirada de puro hielo.
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—Tú no pasas, mi reina —le dijo Silvia, dejando caer la máscara de mujer sufrida—. No alcanzaron a firmar el acta. Ante la ley, no eres su esposa, no eres su familia, no eres absolutamente nadie. Así que te me vas largando, porque aquí los únicos que decidimos somos nosotros.
Lucía sintió