mamá —susurraba Sofía.
Ricardo se agachó frente a ella.
—Tu mamá no puede ni comprarte unos zapatos decentes, mijita. ¿Quieres terminar igual que ella? ¿Vendiendo enchiladas afuera de una oficina?
Marisol cerró los ojos.
No por vergüenza.
Porque recordó a Sofía preguntándole una noche si ser pobre era algo malo.
Y ella no había entendido de dónde venía esa pregunta.
El video siguió.
Ricardo señaló a Mateo.
—Tú eres el grande. Tú vas a convencer a tu hermana. Si tu mamá se deprime, si llora, si se enferma, será por