que revisaran el celular.
El secretario conectó el aparato a una pantalla pequeña del juzgado.
El primer video empezó.
Se veía una sala enorme, con pisos de mármol, lámparas elegantes y una mesa de centro donde nadie podía tocar nada.
Mateo estaba sentado en un sillón.
Sofía lloraba en una esquina.
Ricardo caminaba frente a ellos con una copa en la mano.
Sin traje.
Sin sonrisa.
Sin máscara.
—Mañana van a decir que quieren vivir conmigo —decía Ricardo en el video—. Clarito. Sin ponerse chillones.
—Yo quiero vivir con mi