decírmelo, me humillaste? ¿En lugar de pedirme ayuda, me dijiste que yo era una mantenida?
—Yo… yo estaba desesperado…
—¡MENTIRA! —grité—. ¡Estabas orgulloso! ¡Orgulloso y cobarde! ¡Preferiste hacerme sentir menos antes que admitir que necesitabas ayuda!
Doña Elvira se sentó otra vez.
Estaba llorando.
—Mariana, hija… yo no tengo derecho a pedirte nada. Pero por favor… no lo eches de la casa. Es mi hijo.
La miré.
Y sentí algo que no sentía desde hacía años.
Piedad.
No por Rodrigo.
Por doña Elvira.
Porque ella también había sido engañada.
PARTE
“Mi Esposo Dijo ‘Págate Tu Comida’… El Día de Su Cumpleaños Respeté Su Regla y Toda Su Familia Descubrió la Verdad”