5
Respiré hondo.
—Suegra, no lo voy a echar.
Todos me miraron.
—Pero las cosas van a cambiar.
Rodrigo levantó la vista.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que esta casa ya no es tuya. Es mía.
—¿Cómo que tuya?
Saqué otro papel.
El último.
—Esta es la escritura de la casa. A mi nombre.
El silencio volvió.
—¿Qué? —dijo Rodrigo.
—La compré hace dos años. Con mis ahorros. Con el dinero de mis postres. Con el dinero de mis turnos extra. La puse a mi nombre porque tú me dijiste