portón que recordaba, pero el miedo y la confusión pudieron más.
Finalmente llegó hasta aquella casa de la costa.
Era el único lugar completo que sobrevivía dentro de su memoria.
Había vivido allí escondido, sobreviviendo como podía, convencido de que quizás su padre ya no existía o nunca lo encontraría.
—Papá…
Alejandro abrió los brazos.
No corrió hacia él.
No quiso asustarlo.
Esperó.
Un segundo.
Dos.
Entonces Emiliano cruzó la habitación y se lanzó contra su pecho.
Alejandro lo abrazó.
No era una fotografía.
No era un recuerdo.
No era