mantenerlo oculto bajo otra identidad.
Cuando Emiliano escapó, ordenó borrar las huellas que pudieran relacionarlo con aquella casa hogar.
Durante una década, visitó a Alejandro.
Lo consoló.
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Abrazó a su propia hermana mientras ella se consumía por la pérdida.
Y guardó silencio.
Pero ahora había terminado.
Alejandro estaba sentado en el salón junto a Emiliano cuando entraron Rosa, Lucía y Tomás.
Emiliano miró a la niña.
La observó durante varios segundos.
—Tú eres…
Lucía sonrió tímidamente.
—La niña del medallón.
Emiliano se llevó una mano