Se encerró en el trabajo.
Sus proyectos inmobiliarios se extendían por distintos puntos de la península. Tenía dinero suficiente para comprar casi cualquier cosa.
Excepto aquello que realmente quería.
A su hijo.
Por eso aquella mañana, precisamente en el décimo aniversario de la desaparición, había ordenado que nadie lo molestara.
Rosa llevaba apenas dos semanas trabajando en la residencia. Había llevado a Lucía porque su automóvil no arrancó y no tenía con quién dejarla.
Le había dicho que esperara en la cocina.
La niña se perdió por los pasillos.
Y