A LAS 2:27 DE LA MADRUGADA, MI MADRE DE 71 AÑOS ME LLAMÓ DESDE UNA COMISARÍA Y SUSURRÓ: “TU ESPOSO ME GOLPEÓ CON UN BAT”… GUARDÉ SUS LENTES ROTOS SIN IMAGINAR QUE ERAN LA PRIMERA PISTA DE UN SECRETO DE MILLONES DE PESOS

durante nuestros quince años juntos.

 

Pero todavía había algo que ninguno de nosotros sabía.

 

Aquella noche, Alejandro no había ido a casa de mi madre únicamente para intimidarla.

 

Había ido a buscar algo.

 

Algo que mi padre había dejado escondido antes de morir.

 

Algo relacionado con documentos, propiedades y transferencias que sumaban varios millones de pesos.

 

Y el primer indicio no estaba en una caja fuerte.

 

Ni en una cuenta bancaria.

 

Ni siquiera en la casa de mi madre.

 

Estaba justo