durante nuestros quince años juntos.
Pero todavía había algo que ninguno de nosotros sabía.
Aquella noche, Alejandro no había ido a casa de mi madre únicamente para intimidarla.
Había ido a buscar algo.
Algo que mi padre había dejado escondido antes de morir.
Algo relacionado con documentos, propiedades y transferencias que sumaban varios millones de pesos.
Y el primer indicio no estaba en una caja fuerte.
Ni en una cuenta bancaria.
Ni siquiera en la casa de mi madre.
Estaba justo