A LAS 2:27 DE LA MADRUGADA, MI MADRE DE 71 AÑOS ME LLAMÓ DESDE UNA COMISARÍA Y SUSURRÓ: “TU ESPOSO ME GOLPEÓ CON UN BAT”… GUARDÉ SUS LENTES ROTOS SIN IMAGINAR QUE ERAN LA PRIMERA PISTA DE UN SECRETO DE MILLONES DE PESOS

en una silla de plástico con una bolsa de hielo apoyada contra el hombro.

 

Tenía manchas de sangre seca en la blusa.

 

Sus lentes estaban rotos.

 

Y faltaba uno de los cristales.

 

Cuando me vio entrar, intentó sonreír.

 

—Sabía que vendrías.

 

Me arrodillé frente a ella.

 

—Siempre voy a venir, mamá.

 

Exigí que recibiera atención médica inmediata.

 

Nadie discutió.

 

Mientras los paramédicos se la llevaban en una camilla, el comandante Hernández me condujo hasta su oficina y abrió el reporte.