cuando me permitieron conservar sus pertenencias.
Y esa madrugada, mientras esperaba noticias en el hospital, hice algo que Alejandro jamás imaginó que haría.
Solicité formalmente que preservaran todas las grabaciones disponibles de las cámaras de seguridad cercanas a la casa de mi madre.
Porque ya no estaba intentando salvar mi matrimonio.
Quería saber la verdad.
Quería descubrir cuántas mentiras había construido aquel hombre durante nuestros quince años juntos.
Pero todavía había algo que ninguno de nosotros sabía.
Aquella noche, Alejandro no había ido