habitación.
—¿Mamá ya había sido golpeada antes?
—No puedo afirmarlo. Pero esas marcas no son recientes.
Entré sin tocar.
Mi madre estaba despierta.
Cuando vio mi expresión, supo exactamente lo que había descubierto.
—¿Desde cuándo? —pregunté.
Elena desvió la mirada.
—Valeria…
—¿Desde cuándo te amenazaba Alejandro?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Durante varios segundos no respondió.
Después extendió lentamente la mano hacia mí.
—Desde que murió tu padre.
Aquella respuesta me golpeó con más fuerza que cualquier confesión.
Mi padre, Roberto Morales, había muerto once meses antes de un