supuesto infarto mientras dormía.
Había sido contador durante casi cuarenta años.
Meticuloso.
Ordenado.
De esos hombres que guardaban cada recibo, cada escritura y cada estado de cuenta en carpetas etiquetadas por año.
Yo siempre había pensado que Alejandro y él se llevaban bien.
Ahora comprendía que tal vez nunca había conocido realmente la relación entre ambos.
—¿Qué quería Alejandro?
Mi madre respiró hondo.
—Un sobre azul.
La miré fijamente.
—¿Qué sobre?
—Tu padre me dijo que, si algún día Alejandro empezaba a preguntar por unas propiedades en Querétaro o por