una empresa llamada Inversiones Montalvo, yo debía darte ese sobre.
Sentí un nudo en el estómago.
—Nunca he escuchado ese nombre.
—Yo tampoco lo conocía antes de que tu padre muriera.
Mi madre comenzó a temblar.
—Tres días antes del funeral, Alejandro fue a verme. Me preguntó dónde guardaba Roberto los documentos de sus clientes. Me pareció extraño, pero pensé que trataba de ayudar.
—¿Y después?
—Volvió otras veces.
Cada visita había sido más agresiva.
Primero preguntas.
Después insinuaciones.
Luego amenazas.
Alejandro insistía en que mi padre había escondido documentos