A LAS 2:27 DE LA MADRUGADA, MI MADRE DE 71 AÑOS ME LLAMÓ DESDE UNA COMISARÍA Y SUSURRÓ: “TU ESPOSO ME GOLPEÓ CON UN BAT”… GUARDÉ SUS LENTES ROTOS SIN IMAGINAR QUE ERAN LA PRIMERA PISTA DE UN SECRETO DE MILLONES DE PESOS

se escuchaba la llamada de emergencia.

Alejandro había mentido.

No había tomado el bat para defenderse.

Lo había llevado desde su vehículo.

Y había encontrado algo dentro de la casa.

—Tenemos causa suficiente para solicitar el aseguramiento del vehículo —dijo Hernández.

—Háganlo.

Pero llegamos tarde.

La camioneta ya no estaba.

Alejandro tampoco.

Su teléfono se encontraba apagado.

Cuando revisé nuestra casa, encontré su ropa todavía en los armarios.

Sus zapatos de vestir.

Sus relojes.

Incluso su pasaporte.

Pero faltaban dos cosas.

Su computadora personal.

Y un pequeño archivador metálico que