2011.
Aquella cesión entregaba una parte importante de las acciones a una beneficiaria.
Yo.
—¿A mí?
—A ti —confirmó Teresa—. Tu padre quería proteger el patrimonio familiar. Pero había una condición.
—¿Cuál?
—Las acciones permanecerían administradas por él hasta que tú cumplieras cuarenta años o hasta que él falleciera.
Yo había cumplido cuarenta tres meses antes de su muerte.
—Entonces, ¿por qué nunca me dijo nada?
—Porque detectó irregularidades.
Teresa abrió otra carpeta.
Transferencias.
Cheques.
Contratos.
Empresas.
Y un nombre repetido una y otra vez.
Alejandro Salazar.
Mi esposo había