los once millones, cerró los ojos.
—Tu padre sabía que era mucho más.
—¿Cuánto?
—Nunca me dijo una cifra exacta. Solo me dijo que Alejandro había construido una vida con dinero que no era suyo.
Entonces recordó algo.
—La carpeta azul no contenía documentos originales.
La miré.
—¿Qué?
—Tu padre sabía que podían buscarla.
—Entonces, ¿qué había dentro?
Mi madre sonrió débilmente.
—Copias.
Por primera vez desde las 2:27 de la madrugada sentí esperanza.
—¿Dónde están los originales?
—No lo sé.
Mi padre había convertido aquello en una especie