de seguro.
Había dejado una frase escrita en la portada interior de una vieja libreta de cuentas:
“Lo importante está donde Valeria aprendió a no perderse.”
No entendí nada.
Hasta que recordé.
Cuando era niña, mi padre me llevaba cada domingo al Bosque de Tlalpan.
Yo tenía ocho años cuando me perdí durante unos minutos.
Estaba aterrada.
Cuando finalmente me encontró, no me regañó.
Se arrodilló frente a mí y me enseñó una regla:
“Cuando te pierdas, vuelve al último lugar que reconocías.”
Aquella frase me acompañó toda la vida.