los investigadores sumaron los movimientos conocidos, la cifra superó los treinta y cuatro millones de pesos.
Pero Alejandro había cometido un error.
Había intentado mover dinero después de la muerte de mi padre.
Eso permitió solicitar el congelamiento de varias cuentas.
La noticia corrió rápido.
A las 6:14 de la tarde recibí una llamada de un número desconocido.
Contesté.
—Valeria.
Era Alejandro.
No hablaba como un fugitivo.
Hablaba como mi esposo.
Calmado.
Casi cariñoso.
—Necesito explicarte.
—Golpeaste a mi madre.
—Ella intentó detenerme.
—Llevaste el bat desde tu camioneta.