Silencio.
—No sabes lo que estás viendo.
—Sé bastante.
—Tu padre robó ese dinero primero.
—Tengo sus archivos.
Otro silencio.
Más largo.
—¿Qué archivos?
Ahí supe que tenía miedo.
—Los suficientes.
Alejandro cambió completamente.
—Escúchame con cuidado. Todo lo que hice fue por nosotros.
—¿Golpear a una mujer de setenta y un años fue por nosotros?
—¡Ella escondía documentos que nos pertenecen!
—No te pertenecen.
—¡Yo construí esas inversiones!
—Con dinero robado.
Escuché su respiración.
Después dijo algo que jamás olvidaré.
—Tu padre debía quedarse callado.
No respondí.
Alejandro también