acusarla de ponerme en su contra.
Mi madre respondió algo muy sencillo:
—Valeria es una mujer adulta. No necesita que nadie piense por ella.
Alejandro se enfureció.
La llamó “vieja loca”.
Salió por la puerta de la cocina.
Y regresó con un bat de aluminio en la mano.
Mi madre comenzó a llorar al contármelo.
—Me golpeó en el hombro… y después en las costillas. Cuando caí al suelo, llamó al 911 y dijo que yo había perdido la cabeza y lo