Diego apareció en el pasillo con las mangas del suéter cubriéndole parte de las manos. No entró por completo. Se quedó junto al marco, como si necesitara conservar una salida.
Mauricio lo miró y perdió la última parte de su seguridad.
—Puedes volver a tu cuarto —dijo—. Esto es entre adultos.
—No —respondió Diego—. También están hablando de mi casa, de mi hermana y de mí.
Raúl no intervino. Elena tampoco. Verónica sintió un dolor seco en el pecho, no porque su hijo hubiera hablado, sino porque lo hizo con