Mi suegro llegó con regalos para los niños y encontró a su nuera trabajando de noche después de que su hijo la dejara sin casa. Su exesposa estaba sentada en la cocina cuando él dijo: “Mañana vendrá y explicará todo”. Yo permanecí en silencio, abrí una escritura con fecha falsa y esperé la llamada que podía destruir su carrera.

Diego apareció en el pasillo con las mangas del suéter cubriéndole parte de las manos. No entró por completo. Se quedó junto al marco, como si necesitara conservar una salida.

Mauricio lo miró y perdió la última parte de su seguridad.

—Puedes volver a tu cuarto —dijo—. Esto es entre adultos.

—No —respondió Diego—. También están hablando de mi casa, de mi hermana y de mí.

Raúl no intervino. Elena tampoco. Verónica sintió un dolor seco en el pecho, no porque su hijo hubiera hablado, sino porque lo hizo con