la seriedad de un hombre cansado. Tenía trece años y ya había aprendido a defender a su madre.
Mauricio bajó la vista.
Renata se había marchado cuando comprendió que el pleito patrimonial podía convertirse en una investigación penal y afectar la firma donde ambos trabajaban. Durante meses le había repetido que Verónica exageraba, que los niños estaban cómodos y que la pensión legal era suficiente. Al final eligió proteger su carrera. Se fue con otro socio del despacho y dejó a Mauricio solo en un departamento amueblado que nunca sintió