suyo.
—No vengo a pedir que me tengan lástima —dijo—. Lo que pasó con Renata me obligó a mirar lo que había hecho, pero no fue lo único.
Un mes antes había visitado a Sofía. La niña le preguntó cuándo regresaría a casa. Él respondió “pronto”, como siempre. Sofía sólo dijo “está bien”, sin alegría, como si supiera que era mentira.
Después, Mauricio condujo hasta Tonalá. No subió. Se quedó dentro del coche observando el edificio, la calle sin iluminación y el parque donde Verónica esperaba el camión con los