interminable.
La primera cita fue en una notaría del centro de Guadalajara. Patricia Lozano ya esperaba allí. No era una mujer malvada; había prestado su nombre para favorecer a su hija y ahora quería salir del problema. Aceptó cancelar la donación de la casa de Tapalpa a cambio de cien mil pesos por gastos y molestias.
—Los paga Mauricio —aclaró Verónica—. Yo no voy a financiar la devolución de lo que me quitaron.
Mauricio aceptó.
Verónica leyó cada página. Hizo corregir una cláusula ambigua, exigió que se mencionaran las mejoras