pagadas con recursos comunes y no firmó hasta confirmar que la casa sería registrada exclusivamente a su nombre.
La segunda parte se realizó ante el juzgado familiar. El convenio fijó la nueva pensión, las aportaciones médicas, los gastos escolares, el calendario de convivencia y las obligaciones de aviso. En la notaría se preparó la copropiedad del departamento y el derecho vitalicio de Verónica. Nada quedó “de palabra”.
Al salir, Mauricio se detuvo en las escaleras.
—Creí que estaba construyendo una nueva vida —dijo—. En realidad destruí la que tenía.
—Sí.