Mi suegro llegó con regalos para los niños y encontró a su nuera trabajando de noche después de que su hijo la dejara sin casa. Su exesposa estaba sentada en la cocina cuando él dijo: “Mañana vendrá y explicará todo”. Yo permanecí en silencio, abrí una escritura con fecha falsa y esperé la llamada que podía destruir su carrera.

—Sé que es tarde.

—Para nuestro matrimonio, sí. Para tus hijos, todavía no lo sé. Eso depende de lo que hagas a partir de hoy.

Él asintió. No pidió otra oportunidad como esposo. Tal vez por fin entendía que arrepentirse no daba derecho a recuperar lo perdido.

El sábado llegó a las once en punto. Llevó un tablero barato y un libro de aperturas que había comprado la tarde anterior. Diego lo derrotó en veintisiete minutos.

—Te advertí —dijo el muchacho.

—Otra.

Jugaron tres partidas. Mauricio perdió las tres. Sofía