fin—. Se fue hace ocho meses.
Elena se quedó inmóvil.
En la mesa de la sala estaba abierto el cuaderno de Sofía. La niña había dibujado una casa con chimenea, a su mamá vestida de rojo, a Diego muy alto y a ella con dos trenzas. En la orilla de la hoja, separado de todos, aparecía su papá, sin color.
Verónica llevaba tres meses en aquel lugar. Trabajaba de ocho a cinco como contadora y, por las noches, atendía clientes independientes para pagar renta, escuela y comida. Dormía poco. No