se quejaba. Había aprendido que el miedo no resolvía nada; los documentos, a veces, sí.
Mauricio, abogado corporativo, no sólo la había dejado por Renata Lozano, su asistente de veintiocho años. Durante casi un año había preparado la salida como si organizara una operación legal.
El departamento familiar de Zapopan, comprado después de la boda, aparecía ahora en una escritura con fecha anterior al matrimonio. La casa de descanso en Tapalpa, construida durante cuatro años con dinero de ambos, había sido “donada” a Patricia Lozano, madre de Renata. Y la