El Niño Que Leyó Solo Hasta Que Su Manada Abrió Las Puertas

a tener cuidado con cada palabra. Un niño de acogida no necesita promesas grandes. Necesita verdades pequeñas que se cumplan.

Alejandro respiró hondo.

—No sabemos todo lo que decidirán los adultos que llevan tu caso —dijo con voz firme—. Pero sí sabemos lo que queremos nosotros.

Mateo no se movió.

—¿Qué queréis?

Lucía le cogió la mano.

—Queremos que esta sea tu casa. No por unos días. No hasta que sea cómodo. Queremos que sea tu casa de verdad, si tú también lo quieres.

Mateo abrió la boca, pero no