mesa—. No porque fuera gracioso. Me reí porque otros se rieron y no quería quedar raro.
Mateo notó un calor extraño en la cara.
Sergio siguió hablando.
—Perdón.
No fue mágico. No todos cambiaron de golpe. La vida no funciona así.
Pero algo se movió.
Una niña de la segunda fila dijo que a ella le daba miedo leer números en voz alta.
Otro niño confesó que se ponía enfermo antes de los exámenes.
La profesora no interrumpió a nadie.
Mateo escuchaba con los dedos sobre la insignia.
Por primera