tarde de primavera, llegó una carta oficial. Lucía la abrió en la cocina, con las manos temblando.
Alejandro estaba detrás de ella.
Mateo lo vio desde el pasillo.
Conocía ese tipo de sobres. Los había visto muchas veces antes de hacer una maleta.
Sintió que el estómago se le cerraba.
—¿Me voy? —preguntó.
Lucía giró la cabeza.
Tenía lágrimas en los ojos.
Pero estaba sonriendo.
—No, cariño.
Alejandro se agachó frente a Mateo.
—La familia de acogida permanente ha sido aprobada.
Mateo no entendió todas las palabras.
Pero entendió “permanente”.