El Niño Que Leyó Solo Hasta Que Su Manada Abrió Las Puertas

años había desaparecido en los inmensos bosques a las afueras de la ciudad. Cada segundo contaba, ya que se acercaba una tormenta peligrosa.

Alejandro tuvo que decidir en cuestión de segundos. La vida de un niño estaba en juego. Corrió a la escuela, abrazó a Mateo y le explicó a toda prisa, con lágrimas en los ojos, por qué debía irse de inmediato al bosque.

Mateo asintió en silencio, pero algo se rompió en su interior. Una vez más, él era el niño que no importaba. Una vez más, otras