La Mentira Más Bonita del Hombre Tatuado que Salvó a una Anciana

días, a las cinco de la tarde en punto, veía a Rafa y a Bruno paseando por delante de mi cristalera. El perro viejo parecía recuperar las fuerzas semana tras semana.

Una tarde, Rafa entró solo al súper poco antes del cierre para comprarse una botella de agua. No pude contenerme más.

—¿De verdad erais tan íntimos Carlos y tú? —le pregunté con cuidado desde mi puesto—. Carmen está que no cabe en sí de gozo cuando habla de ti. Parece diez años más joven.

Rafa se apoyó en la