caja. Miró a los lados para asegurarse de que no había nadie más.
—Tengo que contarte un secreto —susurró, rascándose la barba—. En mi vida he visto a Carlos. Hasta hace un mes, ni siquiera sabía que ese hombre había existido.
Se me cortó la respiración. Casi se me resbala la botella de agua de las manos.
—Pero… ¿cómo? ¿El
dinero, la promesa, el perro…?
Rafa soltó un suspiro pesado y me contó la increíble verdad. En su tiempo libre, es voluntario en una protectora de animales del barrio. Alguien