La Mentira Más Bonita del Hombre Tatuado que Salvó a una Anciana

Carmen. Hace un par de días que no lo veo.

Ella bajó los ojos.

Por primera vez desde que Rafa apareció en su vida, la vi otra vez tan frágil como aquella tarde del pienso.

Pero ahora había algo distinto en su cara.

No era solo miedo.

Era culpa.

—Me imaginaba que quizá… —tragó saliva— quizá ya no quería venir.

—¿Por qué no iba a querer venir?

Doña Carmen acarició el borde del sobre con los dedos.

—Porque creo que se ha enterado de que yo lo sabía.

No entendí